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II Caravana Transahariana. Hoy os traemos la segunda entrega de "la tribu" más viajera de África.

Dos semanas por Marruecos, Mauritania y Mali.

II CARAVANA TRANSAHARIANA DE AGOSTO 2004:
DOS SEMANAS POR MARRUECOS, MAURITANIA Y MALI.


dia 31 de julio, 2004.

Encontré a mis nuevos compañeros de viaje en Algeciras, en la Recepción del hotel "Almar", frente a la entrada principal de la Estación Marítima, desde donde salían los ferry con destino a África. Empezamos con la visita al Supermercado para realizar la compra de algunas cosas que faltaban para completar el equipo de viaje. Luego nos dirigimos al puerto, compramos los billetes y embarcamos en el primer barco con destino Ceuta. Ese día 31 de julio pensábamos ir del tirón hasta Marrakech, a 700 kilómetros mas al sur, pero mi Mercedes 300 TE 4MATIC, un chasis 124 familiar tracción 4x4, una mecánica alemana magnifica, la misma transmisión que llevaban los primeros ML de los 90, no estuvo de acuerdo y decidió romper el rodamiento del alternador. El coche se paró, se hizo de noche y tuvimos que buscar hotel en Casablanca. Al final unos pernoctaron en el céntrico htl.4*”Idou Anfa”, bastante bueno, y otros preferimos quedarnos junto al coche, pasando la noche en campamento al aire libre instalado poco gloriosamente en la cuneta de la autopista, a cuatro kilometros del aeropuerto de Casablanca.


dia 1 de agosto, 2004.

El 1 de agosto remolcamos el Mercedes fuera de la autopista. En Bouskoura encontramos un mecánico de los del pueblo que nos llevó a los desguaces de Casablanca, donde compramos un alternador por 100 euros. Volvimos y nos lo instalo en un periquete. En el intervalo conocimos a Moktar, que era el tendero de la ferretería frente a la que aparcamos y dueño de un perro pastor alemán debidamente acreditado como hijo de un campeón del mundo, curioso el ver como bostezaban siempre al mismo tiempo. Él nos cogió a su amparo y hasta nos invitó a la fiesta de circuncisión musulmana de su sobrino en la que Teresa se inició al baile del vientre.
A medio día ya estábamos todos otra vez en marcha para visitar la plaza de Jma el Fna de Marrakech, a doscientos kilometros de atormentada carretera mas al sur. Allí nos dividimos; dos Mitsubishi se fueron a Agadir atravesando las impresionantes montañas del Atlas por la carretera que sube hasta Asni y la pista que luego baja hasta Taroudant, y los demas nos fuimos por la carretera por donde va todo Dios, por Chichaoua; ¡no pasaba nada; tranquilidad!, ¡cada uno iba por donde le daba la gana, faltaría mas!. Nosotros llegamos temprano a Agadir, al htl.4*”Sahara Palace”, con tiempo para dar un paseo unos por la antigua kashba, otros por la inmensa playa, y ellos llegaron muy tarde, por la noche.

dia 2 de agosto, 2004.

El 2 de agosto rodamos toda la mañana por carretera rumbo sur hasta Tan Tan atravesando un terreno a veces muy montañoso, a veces de campos de cultivo suavemente ondulados. En el viaje se sucedían los detalles interesantes. Yo disfrutaba de cada momento pero seria largo relatarlo todo, así que me quedo con los mejores. Uno de ellos ocurrió antes de llegar a Tan Tan, donde a Teresa y a mí nos llamó la atención el reclamo de un herrumbroso cartel coloreado con el dibujo de un castillo de juguete y la indicación casi cabalística "15 kilómetros" colocado en la cuneta de la carretera. Nada mas, porque lo que decía en árabe no lo entendíamos. Azuzó nuestra curiosidad, decidimos investigar y nos aventuramos a salir de la carretera circulando por una pequeña pista de tierra y piedras que discurría por el fondo de un valle marrón pelado, primero, y por una estrecha vaguada entre dos colinas desiertas después. Los golpes que dio el Mercedes en las piedras del suelo merecieron la pena porque detrás apareció un segundo valle con una sorprendente charca de agua, un campo de cebada casi amarillo y otra colina sobre la que había un fuerte medio derruido en todo lo alto, al fondo. Debía ser de épocas medievales; ¡joder, que bonito!, nos dijimos. Paramos a hacer unas fotos calibrando la importancia del hallazgo y bajamos del coche quedándonos ensimismados admirando las agujas del "ksar", el castillo, que parecían los dedos de un esqueleto de barro. Aquellos restos nos embrujaban y nos atraían a ellos. Queríamos visitarla, pisarla... Subimos a pié en diagonal por la falda de la colina, que era arenosa. Éramos dos puntos oscuros en una superficie amarilla rutilante de luz. La fortaleza tenia varios pisos... y silencio; ¡allí había mucho silencio!. En medio del patio se veía un pozo que habría podido ser aljibe o mazmorra y a la derecha e izquierda quedaban restos de gruesas puertas de madera que se estaban desmoronando pero en las que aún se apreciaba su dintel en arco de herradura. En las partes altas de algunos muros se apreciaban los alvéolos de las vigas. En plan tópico imaginábamos las escenas bélicas de que habrían sido testigos; ¡a veces uno viaja mas con la imaginación que con los pies!. Un castillo más que el desierto se iba tragando. ¿Cuántos años tendría?. Volvimos a la carretera, seguimos hacia el sur y alcanzamos Tan Tan a medio día. En la pista del castillo me había acordado de lo bajito que era mi Mercedes así que fui al herrero local para que me soldara una plancha metálica en los bajos del coche. Llevaba el armazón hecho con tubos preparados desde Madrid pero sobre la marcha decidimos entre todos, el herrero, el aprendiz, su vecino panadero, yo y una señora que había por allí "cuidando" de los niños dedicados a enredar que era mas rápido y barato unos puntos de soldadura, y a correr.
Por la tarde seguimos hasta Tarfaya, donde el monumento al aviador-cartero Saint Exupery, el escritor de una de las mejores obras de la literatura francesa, "El Principito", y donde los cuarteles del Tercio de Regulares y de La Legión Española rodeados en épocas coloniales por la Legión Extranjera francesa del Protectorado marroquí. En los años 20 allí hubo sus mas y sus menos entre vecinos colonialistas... Visitamos el antiguo puerto ahora inundado de arena, el viejo, y no pudimos entrar en el nuevo porque un soldado que había en la puerta nos dijo que, "aunque él entendía que era una estupidez", su jefe le había dicho que no se podía visitar. Lo que pasaba es que los chicos del pueblo intentaban colarse continuamente en los barcos pesqueros para intentar llegar a las muy próximas islas Canarias. Así que continuamos hasta El Ayoum, antigua capital de la provincia española del Sahara Occidental. ¡Nos albergamos en el htl.4*”Parador”, inaugurado por Manuel Fraga en los años ochenta, cuando era Ministro de Información y Turismo…!.
                                     
dia 3 de agosto, 2004.

Temprano por la mañana, después del desayuno muy sencillo del hotel, seguimos a cabo Bojador: ¡Quien hubiera hecho la mili allí no reconocería ahora Bojador!. Todo el dinero que la Administración Central marroquí no se ha gastado en las infraestructuras del norte se lo ha gastado en estos pueblos del sur. Lo que ha hecho Marruecos en los territorios del antiguo Sahara español ha sido una "OPA hostil" inyectando dinero a espuertas. A media mañana nos metimos en una playa estupenda que había 20 kms. mas al sur del cabo Bojador, en la que había un par de viejos barcos abandonados. Echamos hasta medio día comiendo unos bocadillos.
Por la tarde continuamos rumbo sur por la nueva carretera que llevaba hasta la bellísima bahía de Dakhla. Yo quería "pasar" de semejante belleza y tirar todo derecho hasta el pequeño hotel del café Barbas, y visitar aquello al volver, pero a Carlos le pareció mejor entrar para ir a dormir allí, recorriendo los cuarenta kilometros que había hasta la ciudad ahora. Como todos los demás estuvieron de acuerdo, yo también, desde luego; ¿quién dijo prisas?. Cenamos en la terraza del "Samarkanda" una ensalada de navajas con chirlas y lechuga, y dormimos en el antiguo hotel de 2* "Doums". Allí coincidimos con nueve coches todo-terreno perfectamente preparados de una gente catalana, el amigo Xavier Preixens & Cia., que se iban a recorrer toda Mauritania.


dia 4 de agosto, 2004.

Salimos temprano del hotel pero los catalanes ya se habían marchado. Buscamos el punto exacto del Trópico de Cáncer, cosa de solemnizar el momento, pero confundimos la latitud 23º con los 23º 27' reales y pusimos el único cartel que hay en el desierto en esa latitud escrito con la mismísima sangre humana del dedo de Jerónimo. Carteles del Trópico de Cáncer hay varios en el Sahara, pero tan tétrico, y en la longitud 23º... ¡como el nuestro solo hay uno!. A la subida lo intentaríamos recoger y ponerlo en su sitio, pero era una losa de piedra de casi cien kilos, y pasamos: Cada cual puede poner su losa donde mas le apetezca; a nosotros nos gustó el 23º y allí se quedó. A media mañana compramos la ultima gasolina barata de Marruecos en el café Barbas, a 50 céntimos el litro, y continuamos hasta Guerguarat, la frontera con Mauritania 80 kms. mas allá. El Sahara era "lunar", había dunas blancas que menudeaban entre colinas violetas y rocas grises, con hierbajos que no abundaban pero estaban por todas partes. Después del control de la Aduana y la Policía marroquí de Guerguarat dejamos la carretera y entramos en la pista mauritana. Primero recorrimos unos nueve kilómetros por la antigua carretera que habían dejado los españoles, un impresentable montón de piedras y parches de asfalto, y luego nos encontramos una solitaria línea de trincheras. Mirando a derecha e izquierda nos fijamos en que había carteles avisando de campos minados. Esas trincheras estaban vacías pero bien dispuestas y no las habían cavado los mauritanos sino que eran de los soldados españoles, de cuando allí estaba la frontera sur de la antigua provincia española del Sahara Occidental. Con tanto tinglado actual de soberanías lo único que estaba claro era que estas tierras desérticas habían sido antes de pastores nómadas bereber llegados en el siglo X y que luego, entre los siglos XV y XVI, esos pastores pasaron a ser tributarios de "jerifes" árabes de Marrakech, los Sahadis y los Alhawis. La autoridad española se estableció "porque sí" cuando las potencias europeas se repartieron el mundo en el Tratado de Berlín a finales del siglo XIX. A los españoles les correspondió la costa sahariana porque quedaba frente al archipiélago de las Canarias. El territorio colonial se llamó "zona de influencia exclusiva" e iba desde Tah, al sur de Tarfaya, hasta aquí. Su interés estaba en los recursos piscícolas de la costa y en los mineros del interior, sobre todo los fosfatos. Los franceses se quedaron con todos los demás territorios de esta parte de África, siempre les ha gustado mucho el Continente Negro, pero el general De Gaulle se los devolvió a los marroquíes, a los argelinos y los mauritanos en 1955. El general Franco estuvo mas falto de reflejos y retuvo los españoles hasta 1.975. ¡Tal vez nunca pensó en marcharse...!. Cuando por fin murió, la Administración española en aquella epoca de La Transición a la democracia lo abandonó. En el año 76 los marroquíes llegaron a un acuerdo con los mauritanos para repartirse el territorio abandonado y la frontera norte mauritana quedó fijada en el Trópico de Cáncer. ¡Pero los argelinos no estuvieron de acuerdo en ese reparto!; ellos tenían otros planes. Llevaban años fabricando una fuerza independentista "progresista y revolucionaria" llamada "Frente Polisario".
                       
El Polisario organizó una importante revuelta armada usando el territorio argelino como retaguardia. Entre el 75 y el 79 consiguieron aproximar a sus argumentos a oficiales del ejercito mauritano originarios del norte, reguibat de lengua árabe hasaní, y en el 79 estos llevaron adelante un intento de golpe de Estado en Mauritania ocupando Nouakchott. Su idea era conquistar el poder y lanzar a todo el ejercito mauritano contra Marruecos aliándose a Argelia. Pero su revuelta fue respondida por otros militares leales al Gobierno originarios del sur que impidieron la toma total de la capital. Hubo una semana de combates callejeros en la capital y, como ninguna de las dos partes consiguió la victoria en esa batalla, se establecieron negociaciones llegando rebeldes y leales a la conclusión de que aquella guerra entre argelinos y marroquíes "no iba con ellos". Decidieron que era mejor "esperar y ver"; ¡una opción muy…"sahariana"!. Finalmente los mauritanos se volvieron atrás y regresaron a estas, las antiguas fronteras coloniales. Los marroquíes ocuparon el terreno abandonado por los mauritanos en el 79 y establecieron la frontera aquí, en Guerguerat. A Marruecos le costó después diez años de inmensos esfuerzos pacificar el desierto pero ninguna fuerza armada procedente de Argelia volvió a revolucionar estas regiones a partir de 1990. Desde entonces los locales se vieron beneficiados por una generosa política de inversiones publicas. Es evidente que el futuro de esas gentes esta mucho mejor asegurado en Marruecos que en un hipotético revolucionario nuevo Estado independiente Polisario... Pasamos la línea de trincheras y encontramos dos tiendas de campaña de gruesas lonas marrones destartaladas detrás de una duna. Los gendarmes y aduaneros mauritanos andaban bromeando a su sombra, tomando té y espantando moscas. Aquella frontera parecía un limbo; así debe ser el lugar donde Dios manda a los muertos mientras decide enviarlos o no al infierno. Parecía imposible que nadie pudiera vivir o trabajar allí. Nos dirigimos directamente a la jaima parda y aparcamos enfrente. Fuera no había sombra y dentro no había refugio. Hacia calor. Ya era medio día y debíamos estar a 40 grados. Aquella tienda no alcanzaría el digno titulo de habitación u oficina en ninguna otra parte del mundo pero en este desierto unos taburetes bajo una lona eran una casa; ¡todo es relativo!. Rellenamos unos impresos, declaramos nuestras divisas, juramos por escrito que no íbamos a vender los coches, pagamos unas tasas y recibimos un fuerte golpe de tampón en cada uno de nuestros pasaportes. La cosa estaba hecha, estábamos en Mauritania. A partir de allí teníamos otros 30 kms. de pista revirada y esquiva dividida en varias bifurcaciones que siempre nos preocupábamos de tomar a la izquierda hasta llegar a la vía férrea encontrada perpendicularmente y a la nueva carretera Nouadhibou-Nouakchott. Cosa curiosa, 6 kilómetros antes del Control mauritano, mas atrás, habíamos dejado a nuestra izquierda una magnifica carretera asfaltada que los marroquíes acababan de terminar y que en 22 kilómetros te acercaba volando a la carretera. ¡Pero la MINURSO y los mauritanos no dejaban utilizarla!. Habían permitido a los marroquíes construirla pero ahora no dejaban a los viajeros rodar por allí: ¡C'est l'Afrique!.
                         
Al atardecer viramos a la izquierda y enfilamos hacia Nouadhibou durante unos treinta o cuarenta kilómetros por la nueva carretera que venia desde Nouakchott. En Mauritania el desierto había cambiado de repente. Ahora era menos agreste, mas suave, mas agradable y fotogénico... Fuimos directamente al htl.3*”Oasian”, relativamente limpio y agradable aunque con habitaciones pequeñas y viejas. La terraza tenia buena pinta, frente al Atlantico, pero nos llamaba la atención la reputación del restaurante del “Hogar Canario” y nos fuimos para allá. Desafortunadamente lo encontramos atiborrado de gente y tardamos mucho en cenar. De todas formas bien, porque no teníamos prisa.

dia 5 de agosto, 2004.

El 5 de agosto, día de La Virgen de Las Nieves y sexta etapa de nuestro viaje, amaneció un sol resplandeciente; esa Virgen no es del Sahara. Empezamos a rodar temprano porque ya queríamos llegar a Nouakchott y acabar con tanto desierto. Pero una vez recorridos unos doscientos kilómetros de carretera recién construida a través del desierto vimos una pequeña plancha a la derecha anunciando "CAMPEMENT TOURISTIQUE ACHAMI" y decidimos desviarnos a verlo. Resultó ser dos bonitas jaimas típicas maures, una para la jefa, la señora o señorita Mi, y otra para nosotros equipada con sus alfombras, cojines y todo, incluida una bonita vista panorámica sobre el desierto de dunas de arena y praderas incipientemente verdes. Aunque era media mañana paramos a comer y a echar la siesta tumbados como jerifes.
Cuando nos despertamos era media tarde así que continuamos a toda leche hacia el sur aunque solo pudiéramos llegar a Nouakchott al anochecer. Como la carretera bordeaba el perímetro del Parque Nacional Arguim sin penetrar en él no vimos el mar por ningún lado; ¡adiós cabo Tafarit, Louik, Nouamghar, sus pescadores iraguem y sus Guardias Forestales "tan simpáticos" y tan "desinteresados"...!.Fuimos directamente al pequeño albergue (1*) "La Dune", céntrico, frente a las Oficinas de Air France. Cuando entramos a preguntar si había habitaciones la Negrita de la puerta nos dijo que estaban todas vacías porque esa noche tenían una fiesta y pensaban poner la música a todo volumen. Ya habían empezado, por otro lado, y se oían estruendosamente ritmos tropicales exóticos; pacheque, mayaba, rumba congolesa de Pepe Calé y Koffi Olomidé... Lejos de desalentarnos nos animó, elegimos dos habitaciones y nos pusimos a cenar. Otros prefirieron irse al htl.3*”Novotel”, y alguien se fue también al htl.4*”Halima” porque había oído hablar bien de aquel alojamiento. La noche fue muy animada.

dia 6 de agosto, 2004.

Nos levantamos temprano con intención de hacer los visados de Malí cuanto antes, pero al llegar a la Embajada nos la encontramos cerrada. ¡Era dia festivo y no nos habiamos enterado...!. Que remedio, nos saltamos ese tramite y nos marchamos directamente a visitar el Mercado Central; ¡tampoco fué un gran disgusto!. También pasamos antes por la única Oficina oficial de Cambio que había abierta en Nouakchott, en el aeropuerto, y allí coincidimos con un solitario grupo de turistas, los únicos que vimos en ese país, diez españoles viajando con una Agencia de Viajes local.
A medio día decidimos que ya estaba bien de tantos fuertes olores, tanta mosca, aquellos vendedores e insistentes cambistas, y que nos queríamos marchar. Estaba clarísimo que había que escapar de aquellos calores de Nouakchott y dirigirnos mas al sur nos pareció lo mas apropiado teniendo en cuenta que en el Sahel, en Malí, ya había empezado la "época de lluvias" monzonicas y que todo estaría mas verde y fresco, así que salimos temprano rumbo sur por la "Carretera de la Esperanza", un delgado hilo de asfalto construido a principio de los 90 para meter en la modernidad las apartadas e inaccesibles regiones del sur-este, la frontera con la República de Malí. ¡Justo!; recorridos unos cien kilómetros por una bellísima carretera que subía y bajaba por las dunas nos calló una tromba de agua que refrescó el ambiente. Paramos protegiéndonos en el htl.2*”Complexe Touristique" de Boutelemit. Luego el agua ceso y pudimos ir a dar una vuelta por el pueblo, unos, y por las dunas que rodeaban el hotel, otros. La luna estaba muy menguada y tuvimos una magnifica noche estrellada. Cuando salió la luna, muy tarde, y se apagaron las brasas de la hoguera que hicimos en el patio del hotel nos fuimos a dormir.


dia 7 de agosto, 2004.

Fue "El día de Las Langostas", con mayúsculas, porque cruzando las planicies maures de El Abiod nos encontramos con la famosa plaga que todos los Telediarios anunciaron este verano. Era una nube compacta de insectos saltarines amontonados por todos lados, comiéndose la sabana recién crecida. Teresa gritó espantada en el coche de Jerónimo y este, muy didáctico, paró, salió e intento coger alguna dando manotazos en el aire para enseñarla que esos bichos no hacían nada. Gracias a Dios había cerrado la puerta y no le calló ninguna entre las manos, inconcebiblemente, así que volvimos a arrancar para tranquilidad de Teresa. Estuvimos viendo saltamontes gigantes toda la mañana estampándose contra nuestros parabrisas. A mí se me quedó uno con muy mala suerte despanzurrado contra la estrella del capot de mi Mercedes. Yo le veía haciendo esfuerzos por zafarse pero no podía por culpa del viento. Solo se soltó cuando llegamos a Kiffa y decidimos meternos en "El Camping" para comer a cubierto. Por la tarde calló otra tormenta, los bichos desaparecieron y seguimos ruta un poco mas tranquilos hasta Ayoum el Atrous. Las dunas no habían desaparecido por estas latitudes pero ahora se escondían bajo una leve capa de pelusilla verde y entre las rocas de arenisca marrón de La Assaba. Notamos que eran las primeras formaciones rocosas que veíamos desde que habíamos entrado en Mauritania, hasta aquí todo arena. Los pastores maures construían sus jaimas con piedras en vez de telas y pieles como en el norte, curiosamente, por lo que pensamos que debían ser mucho mas estables, menos nómadas. La verdad es que todo estaba mucho mas verde y la vida les debía resultar mucho mas fácil. Susana se preguntaba; "¿Por qué no se vienen todos aquí?; habría que ir a avisarles...". En fin, era una idea. ¡Ya estábamos al otro lado del desierto, acabando con la bestia!. Esa tarde llegamos a Ayoum el Atrouss, enfilamos hacia el sur una docena de kilómetros para alejarnos de la aglomeración circulando por la ruta de Nioro, que sorprendentemente nos encontramos recientemente asfaltada, y plantamos nuestro campamento en lo alto de una magnifica colina con vistas panorámicas sobre la sabana, el mejor emplazamiento de todos los que hemos disfrutado durante este viaje. La puesta de sol fue espectacular, la hoguera ardió iluminando las rocas y el cocido madrileño "Litoral" me supo a gloria.
                               
El día amaneció sobre una sabana cubierta de leve escarcha. Sacamos fotos al encantador paraje y salimos decididos a llegar cuanto mas al sur mejor. Enfilamos por una nueva y sorprendentemente buena carretera asfaltada que nos encontramos allí, que no aparecía en ningún plano, y llegamos al Nioro de la República de Malí en un periquete; ¡durante todo el viaje ha sido una constante eso de encontrarnos con carreteras nuevas que no aparecían en los mapas!. El cambio de vegetación avivó nuestra curiosidad y ganas de ver los nuevos poblados indígenas Negros, muy diferentes. Por el camino conocimos Goguí, justo en los limites territoriales de Mauritania y Malí. Aunque en el plano la frontera nos parecía tirada con regla y de forma arbitraria cuando llegamos allí nos dimos cuenta de que realmente a partir deGoguí las jaimas de pastores nómadas maures desaparecían para dar paso solo a poblados indígenas de Negros bambara con sus cabañas de barro de techos horizontales, sus graneros estrechos y alargados cubiertos con "boinas" de paja, las vallas de sus establos, los campos labrados con mijo, maíz o sorgo según la humedad del terreno, algunos mangos aislados, algunas gallinas y cabras. A media mañana llegamos al frondoso valle de Nioro sin ver ninguna frontera; ¡habían hecho la carretera pero no el puesto fronterizo!. Echándole una mirada panorámica al valle y teniendo en cuenta aquella circunstancia decidimos que allí, realmente, se nos había acabado el Sahara y el mundo árabe, y que ya estábamos en plena África Negra. Hilos de humo salían de las casas de barro y subían entre frondosos kapoc hacia el cielo; ¡hasta se oía la música de un tam tam de fondo!. Entramos en el pueblo y estuvimos dando unas cuantas vueltas buscando la Aduana. El carácter de los locales quedaba en evidencia; aquí es el viajero el que tiene que buscar al aduanero, y no al revés. Le encontramos al fondo de una oscura Oficina perdida al final de un pasillo de un escondido edificio colonial semi-abandonado protegido del calor entre un umbrío jardín de mangos y kapoc sin arreglar. La puerta estaba abierta y él nos recibió con una amplia sonrisa. Yo diría que allí había pocos medios pero mucha humanidad. Tranquilamente el hombre nos extendió tres estupendos documentos que nos autorizaban a la importación temporal de los tres coches. Cuando los terminó de escribir nos los releyó didácticamente, nos cobró, nos dio los recibos y nos informó de que ahora teníamos que ir a la Policía, a sellar saber como terminaría el match. Nada mas teníamos 100 kms. hasta Diema… ¡o por lo menos eso pensamos, pero la realidad nos situó sobre el centenar de kilómetros mas malos de todo el viaje, una pista impresentable llena de baches, vadeos, zanjas, barrizales y arroyos!. Además el cielo empezó a encapotarse y uno de esos inquietantes frentes de lluvias monzonicas empezó a aparecer por el horizonte, hacia el sur. ¡Yo creo que en caso de lluvia por esa terrible pista no podríamos pasar y que, como dijo Jerónimo, si llovía no nos salvábamos ni a base de cabestrante!. Estaba tan mal la cosa que vimos la posibilidad de quedarnos allí atrapados sin poder llegar a Diema o sin poder volver a Nioro. Teniendo en cuenta que esa región era reputada por ser feudo, tal vez en otros tiempos pasados pero todavía recientes, de bandidos "coupeurs des routes" no disfrutamos de una tarde tranquila. ¡No paramos ni para comer y seguimos rodando sin parar, cansados, durante toda la tarde!. Solamente al anochecer llegamos a Diema, exhaustos. Esa noche estuvo plagada de silencio, humedad y mosquitos. Los cinco pensábamos sin decirlo que tal vez la famosa "época de lluvias" subsahariana fuera mas seria de lo inicialmente calculado...
                              
dia 9 de agosto, 2004.

Esta vez el día no amaneció luminoso y alegre como en el desierto sino gris, encapotado, húmedo y con una leve niebla blanca flotando sobre la sabana. ¡Pero fue solo el amanecer!; entramos en la "pista general" que bajaba desde la frontera con la República de Senegal hasta Bamako, la capital, que era grande, alta y ancha, y empezamos a rodar relajándonos al ver que las cosas cambiaban. El trafico de camiones había convertido el firme en un queso gruyere lleno de agujeros pero marchando despacito no teníamos temor a que nada pudiera impedirnos llegar a Bamako hoy. En cuanto nos pusimos a rodar el sol se levantó espantando la niebla y el cielo pasó del gris al azul. Hicimos varios altos en grandes poblados Negros y les hicimos una fotos a unos pastores peul sarakole. Ellos quedaron tan encantados como nosotros con el encuentro y, llenas de curiosidad, unas mujeres que traían leche y mantequilla en calabazas sobre las cabezas se interesaron por ver las tetas de Teresa. Ella se las enseño mientras las pedía que la regalaran uno de aquellos collares de piedras de ámbar que llevaban, impresionantes y bellísimos, antiguos. La pista varió a partir de Diema y así llegamos, muy despacio, tranquilamente, hasta Didjeni, primero, y Kolokaní después. Gracias a Dios allí nos volvimos a encontrar otra de esas sorprendentes carreteras asfaltadas africanas que no aparecen en ningún plano y finalmente llegamos a Bamako a medio día. Como prometido, nos fuimos directamente a celebrarlo a la mundana terraza del "Relax", uno de aquellos primeros bares "de Blancos" de la capital, de los años 80, a los que solían ir los cooperantes, los expatriados, los militares y diplomáticos, las prostitutas... Allí estaba la cerveza mas fría, las pizzas, las hamburguesas, los café expréss con tarta de manzana y todas esas cosas de Blancos que los locales no consumían.  
Durante la comida yo propuse, y todo el mundo estuvo de acuerdo, dejar la visita a la capital, aquella ciudad metida en modernidades, para el ultimo día y continuar hoy directamente hacia el interior. La verdad es que fue fácil convencerles. Todo el mundo estaba expectante y con ganas de visitar aquellos poblados indígenas Negros que ya se nos habían empezado a anunciar hoy en las colinas que dominaban Bamako por el norte, en el camino de llegada. Así que, temprano por la tarde, salimos rumbo a Segou, a 250 kms. de carretera asfaltada recta y con poco trafico de coches pero muchos carros, animales y gente cruzando sobre todo cuando pasábamos por alguno de los poblados indígenas bambara. Al anochecer el paseo por el antiguo barrio colonial con sus caserones y las riveras del río Níger fue memorable. Nos alojamos en el pequeño htl.2*”L Auberge” y cenamos en la terraza charlando con Raimond, en jefe. Cuando Raimond llegó a Segou en el año 1985 venia directamente del convulso Líbano de la guerra civil y ni siquiera hablaba francés pero tubo los huevos suficientes como para llegar completamente solo y sin medios, alquilar una guarrada de restaurante local donde se asaba carne de cordero en pleno salón con hogueras de leña, limpiarlo todo, adecentarlo, modernizarlo, ampliarlo con media docena de habitaciones de paso climatizadas y limpias, y currárselo durante veinte años hasta conseguir tener uno de los Hotel-Restaurante mas agradables del país, una especie de "hotel con encanto" de los de aquí. Nos contó que en Malí, aunque pareciera lo contrario a simple vista, cada vez había mas pobreza en vez de progreso. Él lo achacaba a la crecida galopante de la población y a la falta de una explotación local de los muchos recursos nacionales, acaparados por multinacionales extranjeras que no dejaban nada allí si no fueran unos miserables salarios y unas condiciones de trabajo draconianas. También nos dijo que ahora, en contra de lo que pasaba en los 80, cuando la riqueza local estaba en mano de las grandes familias bambara, el dinero solo lo tenían los jóvenes funcionarios corruptos de la nueva "democracia africana" mas fundada sobre el clientelismo que sobre cuestiones extranjeras como "libertad", "igualdad" o "fraternidad". ¡Los franceses no habían dejado de eso allí...!. Algunos compañeros se fueron a dar un paseo nocturno al barrio Negro, donde las calles sin asfalto ni alumbrado publico estaban muy animadas, con la gente sentada en tumbonas en la calle a las puertas de sus destartaladas casas unifamiliares. En los jardines guardaban corderos y alguna señora mayor cocinaba usando un pequeño fogón de carbón que inundaban la calle de olor a humo.
 
dia 10 de agosto, 2004.

Después del café y el pan con mantequilla y mermelada, con zumo de naranja, por la mañana muy temprano salimos rumbo sur. A media mañana llegamos al río Bani, frente al pueblo de Djenne, que se levantaba sobre un islote fluvial en el delta que hacia al desembocar en el Níger. Al fondo, en el horizonte, a unos tres o cuatro kilómetros se veían las puntas del minarete de la mezquita de barro y sus grandes casas del mas puro estilo sudanés, todo de adobe con las formas redondeadas y los ángulos suavizados por las sucesivas remozadas de barro que les iban dando después de cada época de lluvias, cada año. Tardamos una hora en cruzar el río en barcaza y cuando entramos en la pequeña ciudad ya era medio día. Fuimos al htl.2*"Campement-Hotel" y nos instalamos. El lugar era muy bonito pero extremadamente sencillo, prácticamente un camping porque las habitaciones no tenían ni aire acondicionado y los servicios, con las duchas, eran comunes y en un edificio adjunto. “Pasar” de dormir allí y continuar hasta Mopti, donde había un buen alojamiento, supondría facilitar las cosas del dormir pero perderse el inigualable espectáculo de esta ciudad al anochecer, y su mundo intrínsicamente africano, cien por cien sudanés. Todo un espectáculo que hoy, y solo hoy, podríamos disfrutar; ¡una pena el perdérselo!.
Por la tarde visitamos la ciudad en compañía de un chico de allí llamado Tapó; las antiguas escuelas coránicas dentro de las cuales todavía se veía a los niños aprenderse de memoria el Coran, la única enseñanza primaria que recibían hasta los 14 años, las casas de barro por dentro con todo su mobiliario fabricado del mismo material que las paredes, el pequeño mercado local donde se vendía pescado ahumado, sumbalá maloliente, aceite de palmera rojo, cubitos Magi, algo de tomate o pimiento, los constructores de pinazas, piraguas de madera cosidas con cuerdas vegetales que ellos usaban para moverse por aquellos pantanos empujándose con largas pértigas, etcétera. Yo había conocido a Tapó hace muchos años, cuando todavía iba a la escuela coránica. Solía venir por el "campement" a ver a los Blancos. Así aprendió a hablar francés, que no en la escuela, y a desenvolverse en la vida con la única ocupación moderna que la incipiente industria del turismo le permitió; trabajar de pequeño guía local, primero, y de autentico guía profesional después, a base de mucho currárselo. Yo siempre le escogía de "guía local" y le pagaba 1.500 francos CFA., 2 euros con treinta céntimos por un día entero de trabajo, la mas alta de las tarifas locales. No podía pagarle mas para no molestar en ese mundillo suyo local; eso pasaba siempre por allí: Yo no podía "romper el mercado" ni sacar los pies de los tiestos habituales. Por la noche fuimos casi todos los compañeros los que nos decidimos a subir a la terraza del edificio principal del “campement” para dormir al fresco, porque en las habitaciones hacia mucho calor y había mosquitos.

dia 11 de agosto, 2004.

Muy temprano por la mañana salimos de Djenne regresando a la barcaza y volviendo a la carretera general asfaltada. Sin embargo no por mucho tiempo; en Hamdalaye, a 20 kms., preferimos volver a meternos por las pistas del interior del delta para visitar alguna otra de esas exóticas islas fluviales sobre las que se levantaban poblados de pescadores bozo o pastores peuls que parecían sacados de épocas bíblicas. Todo fue perfecto y a medio día llegamos a Mopti a la antigua, es decir por los viejos senderos de las riveras del río Bani, encontrando en primer lugar las casas mas antiguas, de los siglos XIV y XV, en vez de entrar por la carretera asfaltada de mas reciente construcción, unos veinte años, y que va directamente al barrio "moderno" o colonial. La ciudad era mas grande que Djenne pero igual de medieval, con todas las casas construidas a mano hechas de barro y palos, las calles sin asfaltar y las acequias abiertas al aire libre. Se alargaba sobre tres islotes fluviales justo donde desembocaba el Bani en el Níger en "época seca", cuando los inmensos cauces de ahora, "época de lluvias", se tornaban dos hilos de aguas recalentados por el sol y casi estancados. Cuando llegamos al final de la única calle asfaltada nos topamos con el puerto fluvial inundado de sol, bochornoso calor y una muchedumbre multicolor de pescadores, comerciantes o transportistas pululando entre el agua y las pinazas de madera. Tomamos aire y abandonando la sombra de los coches nos lanzamos a atravesar la dársena; bajamos hasta el agua, montamos en una de las pinazas que cruzaban a los viandantes de un lado al otro, sonreímos cuando el viejo barquero me reconoció saludándome en lengua bambara mientras empujaba con la pértiga, "Antonioooo, Antonioooo", llegamos a la terraza del bar "Bozo", desembarcamos, subimos la ribera, entramos a la sombra y cogimos sitio relajándonos. Las vistas eran muy atractivas desde allí; detrás circulaban los ríos Níger y Bani confluyendo tranquilamente sus aguas de dos colores diferentes con un fondo de horizonte gris levemente sombreado por algunos raros eucaliptos mientras que delante teníamos el pueblo con el puerto fluvial y sus casas de barro de varias alturas, el todo aderezado por una muchedumbre de gente por todas partes, tierra y río, y una brisa muy agradable. ¡Magnifico!. Además comimos como Dioses un arroz senegalés muy sabroso.
Por la tarde había que salir de allí, esafortunadamente, y marcharse a la falla de Bandiagara. Nos dijimos que, una cosa por otra, tampoco teníamos tanto que perder y nos pusimos en marcha con ganas tras llenar los depósitos de gasolina y comprar tres cajas de agua mineral. ¡Una vez mas volvimos a encontrar otra de esas nuevas carreteras que no salía en ningún plano y que nos acercó a Bandiagara, a 60 kms., en un suspiro!. Luego nos metimos por una pista pequeña, estrecha y revirada pero fácil que, con paciencia y unos 40 kms. nos acerco hasta la famosa falla de Bandiagara. Al anochecer llegamos a Sanga, un típico poblado indígena dogon, y nos fuimos a descansar al htl.1*”La Guina”, también muy sencillo, como el de la noche anterior en Djenne. ¡Pero, a cambio, el paseo que nos dimos luego por el pueblo a la luz de la luna fueron otro de aquellos momentos que guardo con nostalgia!. Puedo decir lo mismo, ya que la idea fue mía; evitar dormir hoy aquí nos impediría pasar nuestra única noche en un autentico poblado indígena Negro. Eso había que vivirlo y, desde luego, yo fui el primero que se lanzó por la noche, después de cenar, muy tarde, a pasear entre las casas de barro, sus estrechos callejones y plazoletas recoletas. La experiencia valió la pena y sirvió para conocer “Sanga la nuit”, África autentica por la noche; hogueras en los patios de las casas, las chicas y chicos “ligando” por allí, los niños jugando juegos tradicionales, con cantos y bailes, o juegos de saltos a cuerdas, los abuelos charlando en las puertas de las casas familiares…

dia 12 de agosto, 2004.

Esta decimotercera etapa de de viaje yo diría que fue la mas interesante de todo este viaje. Amaneció con un resplandeciente cielo muy azul limpio de "harmatan" por la lluvia nocturna y con el sol reverberando sobre la sabana mojada. La temperatura era ideal. Unos compañeros querían ir andando a la falla y hacer lo que el guía local nos dijo que era “le grand tour”, bajar a Ireli y subir por Banani, pero la perspectiva de que los otros “pudieran ver mas” bajando con los coches y alejándose por la llanura hasta la misión católica de Barapireli les hizo cambiar de idea. Arrancamos y legamos perpendicularmente a un impresionante cortado del terreno, aquí mas rocoso que lo visto en la meseta, que se perdía de vista a derechas e izquierdas. La misma pista nos acercó hasta su vértice superior, nos descubrió el inmenso panorama que se divisaba hacia el sur, una llanura verde que se extendía hasta perderse provocativa detrás del horizonte, y nos enseño un pequeño sendero empinadísimo para bajar al valle. Cuando estábamos bajando, a media altura, un todo-terreno Nissan Patrol de unos dogon de allí nos alcanzó y se empeño en adelantarnos. Había precipicio por todos lados pero él hacia sonar la bocina sin parar. Por fin encontramos un hueco y nos pasó pero fue para detenerse delante y explicarnos que él, un chico joven y simpático pero demasiado excitado con la perspectiva de hacer negocios con nosotros, tenia un "campement", un pequeño albergue local situado justa debajo de la falla, en el poblado dogon de Banani con las mejores vistas de la falla, de ibi y de Gogoli, otros dos poblados colgados literalmente del precipicio. Le dijimos que "tirara pa'lante" y que ya le veríamos abajo, y desapareció por la cuesta con desparpajo. Desafortunadamente para él nuestros planes eran otros, y cuando llegamos abajo pasamos delante de su puerta haciendo sonar nuestras bocinas. Lo que queríamos era situarnos debajo de la falla pero a una cierta distancia, en el llano, uno o dos kilómetros hacia el sur para evitar los “ejecutivos agresivos” del turismo dogon que vivían allí, tales como el amigo del Nissan Patrol. Nos alejamos, subimos unas dunas que había enfrente y plantamos nuestro campamento con vistas panorámicas sobre la falla, los poblados dogon y un valle inundado de agua que caía perpendicularmente hasta la falla pasando por nuestra izquierda. Desde allí podíamos pasear por la falla.

A medio día rodamos hacia el sur unos 20 kms. por unos coquetos senderos entre campos de maíz pasamos delante de Boromó y llegamos a Nomblosogou, el poblado indígena africano mas bonito que yo he visto en mis veinte años viajando por allí. La gente no era pobre; era sencilla, modesta, agradable y digna. Yo creo que allí vivían bien, francamente, en un sentido amplio de la palabra. Visitamos a los viejos jefes que estaban sentados a la sombra del "togu-na", la "casa de la palabra", una marquesina hecha con madera cuyas columnas tenían labradas representaciones alegóricas como la maternidad mediante una mujer embarazada, o la sabiduría mediante una serpiente, animal que ellos consideraban el amuleto de la inteligencia. Ellos nos dieron autorización para pasear por entre sus casas tranquilamente tirando fotos y nosotros les invitamos a masticar cola, una nuez local que utilizan a forma de tabaco, y a carne para la cena entregándoles 5.000 francos CFA., unos 8 euros para todos, una docena de viejos. Nos gustó tanto la visita que insistimos rodando otros 6 kms. mas allá para ver otro poblado. Tuvimos suerte porque caímos en Barapireli y había una pequeña Misión Católica en donde cinco monjas cuidaban de un dispensario y una pequeña escuela con tres monjas Negras de Burkina Faso. Noté un detalle; mientras las misioneras Blancas solían dar sencillas lecciones de planificación familiar a las mujeres mediante discretas reuniones estas monjas Negras utilizaban otros métodos y habían plantado frente a la puerta de la misión un enorme fetiche de madera representando a una mujer embarazada con un niño en brazos. Lo tenían bien cubierto de sangre de pollo, plumas y trozos de huevo y frutas, señal de que le hacían frecuentes ofrendas. Yo las pregunté quien había puesto eso allí, frente a una Misión Católica, y ellas me dijeron que habían sido ellas mismas y que era su sistema para hacerse entender con los dogon para convencer a mujeres y hombres de abandonar las viejas costumbres de proselitismo y ablación genital: ¡Hay que ir aprendiendo...!. De allí volvimos a arrancar los coches y regresamos a la falla de Bandiagara, que siempre se había estado viendo en el horizonte, evitando volver a subirla por el empinado sendero de ayer y enfilando hacia la izquierda con animo de caer sobre Douru, donde las monjas nos dijeron que había otra grieta para ir arriba. Nos lo pasamos fenomenalmente bien circulando por pequeños senderos de arena suaves y ondulados que pasaban por la sabana entre campos de mijo, maíz y sorgo encontrando de vez en cuando algunos bonitos poblados. En uno de ellos, Koporokonie-Po, tocaba día de mercado, en los dogon una vez cada cinco días de su semana, y nos detuvimos para pasear y comprar algo. Todo era mercancía local; yo compré una lámpara de petróleo "Made in China", una mierda, pero Susana le compró el anillo de bronce que llevaba puesto en el dedo un vendedor de cuerdas; ¡hay que ver lo que son las mujeres, como se saben eso de los mercados...!. Seguimos ruta por aquellos campos y llegados a Dourou vimos efectivamente la grieta abierta en la pared de unos cien metros de altura. Sin embargo no parecía fácil porque a sus pies, entre nosotros y ella, había unas empinadas dunas de arena que el viento había depositado allí al luchar contra la falla. Cogimos carrerilla, nos lanzamos a por ellas rodando a unos 80 kms. por hora y los coches fueron subiendo, subiendo, subiendo... y perdiendo, perdiendo, perdiendo velocidad y fuerza hasta que, cuando parecía que no íbamos a lograrlo, conseguimos alcazar las primeras piedras y rocas de la falda del altísimo muro. ¡Biennnnn!. Aprovechamos la sombra del lugar para detenernos a estirar las piernas y entonces vimos llegar por nuestro mismo camino, aquel que tanto nos había costado, un pedazo de Negro inmenso, poderoso, armado con un fusil de caza y pedaleando una vieja bicicleta. Llegó sudando pero con una sonrisa enorme y nos dio la mano uno a uno diciendo que nos había visto y nos venia siguiendo desde el llano; ¡menuda carrera se había pegado pedaleando la bici detrás de nuestros coches cuesta arriba!. había que ver al tío, todo un prodigio de la naturaleza, fuerte como un toro. Nos enseño el fusil y nos dijo que lo fabricaba un herrero de Douru; el cañón era un palier de coche vaciado por dentro... Por la tarde regresamos a Sanga, a nuestro sencillo pero muy bonito hotel “La Guina”, un típico “campement” local, lo que podríamos llamar un “hotel rural” de por allí. Hoy nos gustó mas que ayer; uno se acostumbra a todo en los viajes.

dia 13 de agosto, 2004.

Durante el desayuno hubo que enfrentarse a la dura realidad: Aunque Carlos y su mujer, Susana, el "Guey" Ernesto y otros compañeros tenían mas tiempo, para la mayoría las vacaciones se acababan allí y debían volverse a casa volando desde Bamako dos días después, el domingo. Por parte de Jerónimo y yo mismo, debíamos estar trabajando en España el 21 de agosto. Allí tocaba empezar el regreso. Por la mañana nos volvimos hasta San recorriendo los 40 kms. de pista mala hasta Bandiagara y los 60 de carretera hasta Sevare, mas otros 200 kms. de carretera buena, rápida y fácil. Mientras nos preparaban unos huevos con guisantes y cebolla en el “campement” local unos aprovecharon para comprar artesanía en los chiringuitos de la puerta y otros se fueron a dar un paseo a la plaza del pueblo y a la mezquita. Por la tarde recorrimos otros 200 kms. y llegamos a Segou. Hubo tiempo para hacer alguna parada y tomárselo con tranquilidad.


dia 14 de agosto, 2004.

Por la mañana llegamos a Bamako y la cosa se lió un poco; lo que debía ser una jornada tranquila de visitas, preparación de equipajes, ultimas fotos y compras, con comilona de despedida incluida, se me convirtió en una mala pasada. En el atasco que había a la entrada, para cruzar el puente que atravesaba el rió Níger, y cuando los compañeros ya iban por delante camino del htl.4*”Grand Hotel”, nuestro alojamiento para hoy, mi coche empezó a dar tirones. Le sonaba un ruido muy raro en la parte delantera. Quinientos metros mas allá terminó por enganchar las ruedas quedando bloqueado todo el puente delantero con un brusco frenazo. ¡Menos mal que iba rodando despacio!. Cogí el móvil para llamar a los colegas pero, ¡que casualidad!, estaba sin batería y no encontraba el cargador. En el atasco los coches de detrás empezaron a impacientarse y a tocar el claxon; "Quítate de ahí, Blanco, no sean "gnomogo-deni", me decía el de atrás, lo que se podría traducirse por "...no seas mierdecilla". "Una expresión muy usada", me dije... Me bajé, les dije que pasaran y saqué el triángulo rojo colocándolo detrás. Entonces empezaron a acercarse curiosos que estaban esperando en una parada de autobús, unos motoristas que pasaban en "mobylette", unos campesinos ciclistas, unos niños descalzos y semidesnudos rebozados en polvo que cazaban lagartijas, mujeres que cargaban cosas en la cabeza, unos viejos... ¡una muchedumbre que quería ver "lo que le pasaba al Blanco"!. Los coche que venían detrás pasaban despacio porque también me miraban con curiosidad así que se formó un largo atasco con todo el mundo tocando el claxon. Finalmente llegó un policía sudando en su "mobylette";
- "Saca el coche de ahí", me echó la bronca.
- "No puede rodar, se han bloqueado las ruedas delanteras", le respondí.
- "Pues tengo que llamar a la grúa porque estas haciendo un atasco", me sorprendí al escuchar. Nunca pensé que los municipales de Bamako tuvieran grúas. La llamó con un "walky-talky" y me previno para que recogiera el triángulo de seguridad.
- "Si no quieres que te lo roben ponlo encima del techo, donde puedas verlo".
Al poco tiempo vi aparecer una sorprendente grúa municipal, con sirena y todo. Me enganchó el coche por delante y lo levantó en un periquete. El chofer se llamaba Dogo y me dijo que subiera porque nos íbamos al Deposito Municipal. Me subí bien calladito encomendándome a todos los santos, arrancamos y salimos a toda velocidad. Dogo me informó de que el "Servicio Oficial" Mercedes-Benz estaba en el barrio de Faladié, y yo le pregunté si me podía llevar allí directamente, pero me respondió que el servicio de grúa municipal era gratuito para los coches averiados pero que debía llevarlo al Deposito. Entonces le propuse llevarme a Faladié pagando yo el servicio, desde luego. Se lo pensó, me dijo que "eso costaría 15.000 francos CFA. por lo menos", unos 30 euros, mucho dinero en África, y al aceptarle yo el precio dibujó una gran sonrisa, dio un volantazo y salió pitando hacia el este, nuevo rumbo. Por la radio le estaban llamando para otro servicio pero la apagó tranquilamente. El garaje "Mercedes-Benz" no estaba mal, relativamente. Había un alemán al mando y una numerosa tropa de mecánicos sucios de grasa desde los pies hasta las cejas. Miraron las ruedas delanteras, las desmontaron, miraron los palieres y el diferencial quitando la plancha de protección que yo había soldado en Tan Tan, y me explicaron que había roto la tapa del diferencial, había perdido el aceite, había seguido rodando sin darme cuenta, se habían bloqueado los piñones y se había roto el palier delantero derecho. Allí no había repuestos para mi "4MATIC", un coche un poco raro hasta en España.
- "¿Tenéis alguna solución, aunque sea provisional, para permitirme volver a España?".
- "Podemos quitar la transmisión delantera y dejarlo solo con la tracción trasera, como cualquier Mercedes 4x2".
Me conformé pensando que así, por lo menos, podría seguir. Pero era muy tarde y la reparación no podría ser hasta mañana. Los compañeros ya habían llegado y me animaron, decidiendo entre todos ir al hotel y volver al día siguiente. La noche seria larga. Para unos, porque se fueron al aeropuerto a embarcar en el vuelo de regreso a España. Pasarían la noche a bordo. Para otros, porque era “samedi soir” y había que conocer también “Bamako la-nuit”. Cuando llegamos a la terraza del "Relax" para cenar dos españoles catalanes que había por allí nos vieron y se presentaron diciendo que eran trabajadores de una Empresa española que construía una nueva carretera desde Bamako hasta la frontera con Senegal directamente, de esas que aparecían en África por sorpresa. Cuando les contamos que habíamos venido desde la frontera mauritana y que mañana pensábamos volver por allí se llevaron las manos a la cabeza diciéndonos que estábamos locos;
- "¡Aquella frontera está infestada de ladrones que asaltan a los viajeros!", dijeron.
Pero estaban mal informados y ni siquiera sabían que ahora ya estaba asfaltada. Creo que tampoco estaban muy al corriente de la situación real de la seguridad. Nosotros les dijimos que en la Comisaría de Policía de Nioro nos habían tranquilizado diciendo que los antiguos "coupeurs des routes", los bandidos que robaban a los viajeros en la frontera, habían desaparecido con la llegada del asfalto, y que la nueva carretera permitía una acción rápida de las Fuerzas del Orden que ya habia traido la ley a la zona. Luego llegó a la terraza una vieja conocida mía, Niuma, una chica madurita, una antigua belleza Negra. Trabajaba en Madrid desde hace mas de veinte años en una peluquería africana que tenia cerca de la Gran Vía, pero ahora estaba de vacaciones en su tierra, Bamako. Nos dimos unos besos y nos invitó a su casa a tomar algo. Nos fuimos para allá con curiosidad pero resultó que tenia un chalet "de Blancos" . Tomamos unas cervezas planeando lo que íbamos a hacer en "Bamako la-nuit". Nos llevó a la discoteca "Galaxie" y quedamos un poco decepcionados; aunque era viernes el ambiente estaba un poco apagado y allí solo había bailando unas pocas chicas con pinta de ser prostitutas y unos chicos durmiendo sobre las butacas. Niuma nos explicó que "es un poco pronto" a pesar de ser mas de media noche, y que "el ambiente empieza a partir de las tres de la mañana. La noche de Bamako empieza tarde...". Decidimos ir a ver otra Discoteca, "Le Paradis". El taxi traqueteaba y se movía sobre el asfalto imitando el contoneo de las Negras bailando el "coupé-decalé", el baile de moda llegado directamente desde Costa de Marfil, país faro en lo que a modas africanas se refería. Debía llevar las ruedas flojas. Pasamos delante de unos chiringuitos africanos muy animados. El chofer nos explicó que "los chicos cenan antes de ir a las fiestas". Unas largas mesas con banquetas sobre las aceradas ofrecían las especialidades locales a la luz de lámparas de petróleo; attiáke, gñam cocido, agutí, carne de roedor salvaje, kedjenú, pollo de Guinea en salsa, pollo a la brasa... Las "mamas" preparaban el menú único en fogatas de leña encendidas allí mismo, sobre las aceras, y lo ofrecían a "precios populares"; un gran plato de agutí con arroz costaba doscientos francos CFA., unos treinta céntimos de euro. Cuando llegamos a "Le Paradis" eran las dos de la mañana y la cosa ya estaba mas animada. La música que sonaba también era "Costa de Marfil fashion"; Soum Bill, Pat Sacko, Joel C, NCM... Era una música con mucho ritmo entre hit-hop y étnica aunque a veces la cadencia disminuía, las luces se hacían tenues y sonaban cosas mas "soft" de Les Garajistas y DJ Jacob. Volvimos al hotel de madrugada.



dia 15 de agosto, 2004.

El sábado 14 de agosto, decimoquinta etapa del viaje, el único que se levantó temprano fui yo. Estaba preocupado con mi coche. Me cogí un taxi y me marché a Faladié, al garaje Mercedes-Benz, donde estaban trabajando desde las 09.00 h. Para poder colocar el rodamiento de la rueda delantera derecha hubo que cortar el palier roto con una sierra radial... ¡y luego hacer lo mismo con el otro, el que no estaba roto, el bueno!; ¡un autentico destrozo teniendo en cuenta que uno nuevo costaba 1.200 euros...!. Al montar todo y poner el coche en el suelo me subí, arranque para probarlo y... ¡aquello no funcionaba!; el motor giraba y yo engranaba la primera velocidad, ¡pero el coche no se movía del sitio!; ¡valientes "mecánicos", tanto el alemán como los locales, que no tenían ni puta idea de cómo funcionaba la mecánica 4x4 de mi fabuloso Mercedes "4MATIC"!. Volvieron a subirlo al elevador, volvieron a mirarlo, volvieron a tocarlo, volvieron a bajarlo y... ¡mismo resultado!. ¡El coche no funcionaba sin la transmisión delantera!.
Así estuvieron toda la mañana, conmigo mirándoles desesperado temiéndome lo peor, ahora que ya habían cortado con la sierra radial lo que quedaba del palier roto, bajando, probando y volviendo a subir el coche... Hasta que llegó Carlos a medio día: Estudió la jugada, cogió el "Libro de Instrucciones", pagina 21, "Sistema 4MATIC", abrió el capot, encontró un interruptor, lo cambió de posición y... ¡arreglado!. ¡había conseguido bloquear el diferencial central y dejar funcionando el coche en tracción 4x2, solo con la tracción trasera!, ¡Cojonudo, fabuloso, estupendo!. Estaba salvado. No le di un beso porque había mucha gente allí mirando. Arrancamos, fuimos al hotel a buscar a los colegas, que estaban comiendo en la terraza del "Relax", naturalmente, tomamos algo y salimos alegremente de nuevo hacia el norte, a ver hasta donde llegábamos esa tarde.

                    

Regresando a casa

El relato de la caravana de regreso prefiero ahorrároslo. Hubo de todo; buena y mala suerte. Tuvimos momentos idílicos, como la noche pasada en las dunas junto al Barbas, y malos tragos como una avería que obligó a repatriar un coche de uno de los compañeros en grúa. ¡Pero el objetivo se cumplió!: ¡Fueron unas vacaciones magnificas!. El vigésimo tercer día, domingo, llegamos a Algeciras. Era un poco tarde porque al día siguiente, lunes, debía estar trabajando a las nueve de la mañana pero, como le dije al jefe, “¡Mas vale tarde que nunca... "mon amí".!”.

FIN
 
 
Texto y fotos: "La Tribu"
Edición: Juan Pedro Ponce
Dudas, consultas y opiniones: http://foros.el4x4.com
Y si quieres apuntarte o consultar algo para la aventura de  este año de "La Tribu", puedes hacerlo en el hilo que tienen los protagonistas abierto en el foro:http://foros.el4x4.com/viewtopic.php?f=56&t=21026